Si lees suficientes opiniones sobre NeoSander, siempre acaba apareciendo lo mismo, normalmente con las palabras del propio usuario y no las nuestras: poca vibración, no tiembla y las manos siguen firmes al terminar la sesión.

Tres testimonios de usuarios que destacan el diseño ergonómico y la baja vibración de NeoSander, lo que lo hace cómodo para sesiones de lijado prolongadas y para usuarios con lesiones en las manos.

La vibración nunca aparece en una ficha técnica, y nadie compra una lijadora por las sacudidas que no produce. Pero es lo primero que nota la mano y, después de una hora de trabajo, determina si mantienes la firmeza o empiezas a cansarte.
Cuando tomas NeoSander, solo deberías sentir dos cosas: estabilidad y ligereza. Pulsa el interruptor de goma de la base, ajusta el selector de recorrido y esta lijadora de detalle compacta se pone manos a la obra: en su interior, un motor lineal alternativo impulsa la biela hacia delante y hacia atrás, mientras que el portaherramientas de la punta ejecuta el movimiento de lijado fino. Detrás de esa experiencia hay una historia que el usuario nunca ve, pero que determinó si la lijadora se sentiría bien en la mano.

Una solución para dos problemas

Elegir un motor lineal alternativo fue una decisión meditada. Las lijadoras rotativas tradicionales se sienten ásperas en la mano y tienden a sobrecalentarse; otras lijadoras alternativas del mercado consiguen el movimiento adecuado, pero siguen utilizando internamente un motor accionado por engranajes, que es ineficiente y propenso a atascarse. Un motor lineal alternativo evita ambos problemas: es el origen del comportamiento que describió el segundo revisor, una herramienta que no se escapa, no acumula calor y no se engancha en los bordes. Pero introduce un problema nuevo.
El principio de funcionamiento del motor es sencillo: la corriente que atraviesa la bobina genera un campo magnético, el campo interactúa con un imán para producir empuje y la estructura mecánica limita esa fuerza a un solo eje, hacia delante y hacia atrás. De ahí procede el movimiento alternativo. El problema comienza cuando los dos lados del motor no están equilibrados en peso. La fuerza que debería mantenerse obedientemente en su eje empieza a desviarse, produce movimiento fuera de ese eje y la máquina comienza a temblar.
En las primeras etapas del desarrollo, la biela estaba montada solo en un lado del motor, dejando vacío el otro. Esa asimetría estructural hacía que la máquina temblara violentamente durante el funcionamiento, hasta el punto de hacerla saltar por el escritorio. Para controlar la vibración, añadimos un contrapeso al lado vacío del motor, equilibrándolo con el otro lado y anulando desde el origen las sacudidas causadas por la estructura asimétrica.

Lo bastante ligera y precisa

El principio de diseño del contrapeso consiste en mantener ambos lados perfectamente equilibrados y, al mismo tiempo, hacerlos lo más ligeros y compactos posible. En la práctica, no es nada sencillo.
La energía de salida del motor es limitada. Además de impulsar el propio movimiento de lijado, el sistema debe gastar parte de esa energía en mantener su equilibrio estructural, y la presión que el cabezal de lijado ejerce sobre la pieza añade pérdidas adicionales. Cuanto más pesan el contrapeso y la biela, menos fuerza queda para lijar. Dicho de forma sencilla: si el motor puede soportar 10 gramos y cada lado añade 1 gramo de contrapeso, quedan 8 gramos de fuerza para el trabajo. Pero si cada lado lleva 5 gramos, los dos lados consumen por sí solos toda la capacidad del motor y no queda prácticamente nada para lijar.

Primer plano de una persona utilizando un destornillador eléctrico para montar la biela metálica interna y el mecanismo de contrapeso de NeoSander durante el proceso de investigación y desarrollo.


Aquí aparece la verdadera dificultad del sistema de contrapeso: el peso total del lado de la biela (el cabezal de lijado de plástico, la propia biela y los tornillos de montaje) y el peso total del lado del contrapeso (el bloque de contrapeso y sus tornillos) deben coincidir exactamente para mantener la estructura simétrica y reducir la vibración. Al mismo tiempo, ambos lados deben seguir siendo lo más ligeros y compactos posible, de modo que quede más energía para el propio proceso de lijado. El equilibrio perfecto y el peso mínimo tiran en direcciones opuestas.

Los límites de la aleación de aluminio

Al principio del proyecto, el equipo de investigación y desarrollo siguió un enfoque habitual en la industria y utilizó una aleación de aluminio para la biela. Las pruebas revelaron dos problemas.
En primer lugar, la aleación de aluminio tiene una densidad relativamente alta (aproximadamente 2,7 g/cm³), lo que hacía que la propia biela pesara más de lo necesario. Para igualarla, el contrapeso también tenía que hacerse más grande y grueso, añadiendo peso discretamente al conjunto y restando energía a la que el motor podía destinar al lijado. En la práctica, daba la sensación de que el motor simplemente no tenía suficiente potencia; en un momento dado incluso nos planteamos si la solución sería utilizar un motor más potente.
En segundo lugar, precisamente porque el aluminio es denso, alcanzar el peso objetivo obligaba a fabricar la biela pequeña y delgada, dejando muy poco material para ajustar con precisión durante el mecanizado. El resultado rara vez coincidía exactamente con el contrapeso: solo se aproximaba. Cualquier diferencia obligaba a añadir un poco más al contrapeso para compensarla, lo que volvía a aumentar el peso total.

El gran avance

El verdadero avance surgió de un comentario casual durante una conversación del equipo. Peter, uno de los fundadores de HOZO, mencionó la baja densidad de la aleación de magnesio y aluminio, y todo encajó: ese material ya se utilizaba ampliamente como componente estructural portante en la industria automovilística, especialmente para reducir el peso de los vehículos eléctricos, así como en portátiles ligeros. Si la aleación de magnesio y aluminio podía soportar ruedas, una pieza sometida a una carga mecánica real, también valía la pena probarla en la biela.
Mecanizamos un prototipo CNC de la biela en aleación de magnesio y aluminio y lo probamos. Los resultados fueron claros: la aleación de magnesio y aluminio tiene una densidad de aproximadamente 1,8 g/cm³, muy inferior a los 2,7 g/cm³ de la aleación de aluminio y cercana a la del plástico (aproximadamente 1,3 g/cm³). Una densidad menor significaba que, para igualar el peso original de la aleación de aluminio, se necesitaba un volumen de material mayor; y un volumen mayor ofrecía mucho más margen para realizar ajustes durante el mecanizado, haciendo posible alcanzar el peso objetivo exacto para igualarlo con el contrapeso de acero inoxidable. Igual de importante era que la aleación de magnesio y aluminio resistía tanto como la de aluminio y, en algunos aspectos, incluso la superaba.

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Al final, adoptamos directamente la aleación de magnesio y aluminio para la biela. El peso total del lado de la biela coincidía ahora con precisión con el del lado del contrapeso de acero inoxidable; ninguno de los dos lados necesitaba material adicional para compensar una diferencia y toda la máquina era más ligera, lo que liberaba más energía para lijar. La vibración causada por el movimiento alternativo quedó resuelta desde la raíz.

Un año de empezar de nuevo

El sistema de contrapeso no alcanzó su peso y material definitivos en un solo intento. Cada ronda de prototipado y pruebas duraba aproximadamente entre dos y tres semanas: siete u ocho días solo para el prototipado CNC, seguidos de cálculos de costes y pruebas con distintas configuraciones de contrapeso. Probamos deliberadamente versiones ligeramente demasiado ligeras y ligeramente demasiado pesadas como controles, pero el resultado nunca cambió: el equilibrio perfecto entre ambos lados siempre era la respuesta correcta.
El contratiempo más habitual era un prototipo que simplemente no alcanzaba los objetivos de rendimiento establecidos al principio: potencia del motor, amplitud de vibración y nivel de ruido. Que cualquiera de ellos quedara por debajo de lo previsto implicaba volver al diseño en sí, desde el montaje de los componentes y las interfaces internas hasta la distribución de la placa de circuito impreso. Todo debía reconsiderarse. Un diseño de primera generación podía parecer sólido sobre el papel y aun así quedarse corto en algún parámetro una vez construido, obligándonos a empezar de nuevo.

Primer plano de la herramienta eléctrica NeoSander utilizada para lijar con precisión una figura detallada en miniatura de plástico, demostrando su estabilidad y sus capacidades de control fino.

Ese ciclo de empezar de nuevo ocurrió al menos tres veces, y cada ronda duró entre uno y dos meses, y ocasionalmente hasta tres. Al mirar atrás, llegamos a entender que la verdadera intuición de diseño rara vez aparece al principio. Suele llegar cuando ya se ha invertido entre el 70 y el 80 % del esfuerzo, después de llevar las pruebas al límite y de que ronda tras ronda de fallos haya obligado a encontrar nuevas formas de pensar. Si todo hubiera salido bien desde el principio, quizá esa intuición nunca habría aflorado.

Un sistema invisible, pero no ausente

Todo aquel prototipado, aquellas pruebas y aquellos comienzos de cero existían por una única razón: que nada de ello se notara.
Para HOZO, minimizar la vibración es una parte esencial de la experiencia de lijado. Es algo que solo se comprende de verdad cuando tienes la herramienta en la mano y, para algunos usuarios, marca la diferencia entre poder trabajar o no. Durante una hora, esa misma diferencia determina si los demás mantenemos la firmeza o empezamos a cansarnos.
El buen diseño, la mayoría de las veces, consiste en ocultar la complejidad detrás de una experiencia sencilla y estable. El sistema de contrapeso del interior de esta máquina es exactamente eso. Nunca se ve. Nunca se menciona. Y lo decide todo.

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